Por y para qué un proceso participativo en el patio de una escuela?

Por y para qué un proceso participativo en el patio de una escuela?

Desde hace años, hemos detectado un interés cada vez más generalizado en los procesos participativos vinculados a la transformación de patios de las escuelas. Como  Raons Públiques también hemos colaborado durante tres años en el proceso participativo de mejora de habitabilidad de la Escola La Pau (2011-2014)  y actualmente nos encontramos inmersos en otro proceso para mejorar el patio en la escuela Dovella en el barrio de Sant Martí. La experiencia con estas dos escuelas con realidades totalmente diferentes, nos ha motivado a  plantearnos algunas cuestiones, que queremos compartir en este texto.Partiremos de diversas hipótesis o planteamientos ideales sobre cómo debería ser, a nuestro modo de ver, diversos conceptos que se tienen en cuenta cuando se habla de procesos participativos, tales como: conocimiento del espacio, capacidad de análisis, representatividad, temporalidad y toma de decisiones, para que a través de la experiencia en los dos proyectos, se puedan detectar los límites que tienen este tipo de procesos, aplicados a la transformación de patios de escuelas.

Si tenemos en cuenta  los usuarios principales del patio de una escuela y nos preguntamos quién tiene el conocimiento del espacio, la respuesta es fácil: el alumnado. Esta rápida afirmación es correcta en parte, si consideramos el patio como espacio de juego y diversión, pero el patio, además, es un elemento con unas potencialidades educativas enormes donde trabajar temas comunitarios, género, cultura de conocimiento y experimentación, y para tener en cuenta estos aspectos hace falta la visión global que muchas veces profesores, monitores y pedagogos tienen.

Es aquí cuando entra otro de los conceptos en juego, que denominamos en este caso, la capacidad de análisis, que tiene que ver con la validez de las opiniones de los usuarios directos (los alumnos), y el equilibrio técnico/pedagógico que en este caso aporta “el mundo de los adultos” representado en este caso por formadores y pedagogos De aquí nace una de las primeras reflexiones: ¿Cómo compatibilizar la irremplazable experiencia del alumnado en el patio como usuarios del mismo, con la oportunidad que se genera para los formadores de convertir la transformación del espacio en una herramienta pedagógica?

De nuestra experiencia práctica vemos que en la escuela La Pau se partió de una diagnosis profunda del conocimiento del patio por parte del alumnado, que dio lugar a una detección de necesidades muy extensa y a una aproximación por parte de los alumnos a conceptos de espacio y comunidad. En la escuela Dovella el conocimiento del alumnado sobre el uso del espacio se realizó a través de diversas observaciones desde la perspectiva de género (realizadas por  Coeduacció) dando lugar a planteamientos para un patio más equilibrado en este sentido. La diferencia fundamental en ambos casos, es que en La Pau el objetivo era reformar el patio y reforzar la comunidad educativa, objetivos que discurrieron paralelamente a lo largo del proyecto, mientras que en Dovella, se partió de una premisa previa que era transformar el patio bajo perspectiva de género, lo que limitaba propuestas alternativas en este sentido. En ambos casos la participación de toda la comunidad se consideró imprescindible.

Creemos que en este punto es importante hablar del aporte técnico cómo los encargados de acompañar a la comunidad aportando la visión global que nos da una visión integral del proyecto y el conocimiento de herramientas de representación y análisis del espacio. Esto nos permite definir la estrategia de cada colegio en base a su realidad, aconsejar, guiar y dar herramientas para conducir durante el proceso hacia unos objetivos claros y concretos que garanticen el éxito.

Para ello el análisis de la comunidad y la definición de los objetivos es fundamental  y pueden ser muy diferentes de una escuela a otra, por ejemplo mientras que en la Pau el objetivo principal era crear una comunidad y fortalecer un AFA (asociación de familias)  inexistente en la escuela Dovella donde ya hay un AFA fuerte el objetiv, está más centrado en la transformación física del patio con equilibrio de género.

Otro de los grandes retos es que en estos procesos participen la mayor cantidad tanto de alumnos como profesorado o equipo pedagógico, es decir conseguir la mayor participación y representatividad (todos los cursos), lo que supone adaptar el lenguaje para cada caso, y sobre todo hacer partícipes a los profesores del proceso, dotándolos de herramientas y material para trabajar con los alumnos y crear espacios de participación compartidos mediante jornadas de actividades donde todo el alumnado trabaje conjuntamente Un ejemplo en el caso de La Pau, fueron la multitud de talleres, donde todos los alumnos de la escuela diagnosticaron el patio, e incluso construyeron a escala real y en cartón sus propias propuestas.

Otra de las cuestiones con las que nos hemos encontrado es la temporalidad de estos procesos. Hemos visto, con la experiencia de los proyectos de La Pau y Dovella, que la duración de estos proyectos es de, al menos, dos años (o dos cursos), sin contar con el tiempo previo de contacto, preparación y organización del proceso. Esto supone una de las grandes contradicciones, que en algún caso, si se prolonga el proyecto, se puede producir, que es los participantes no puedan disfrutar de los resultados finales del proceso en el que han participado. Frente esta cuestión comparamos dos alternativas metodológicas diferentes,  por un lado en la escuela la Pau el proceso de transformación consistía en la realización de pequeñas intervenciones en el espacio a través de diseño con los alumnos y jornadas de autoconstrucción con las familias mientras que en la escuela Dovella se están realizando una serie de talleres de diseño con las familias y el profesorado donde trabajar el espacio en su globalidad para posteriormente materializarlo en talleres de autoconstrucción.

Ninguno de los dos sistemas nos parecen satisfactorios del todo, el primero porque trabajar elementos sueltos y sin una visión global del espacio no aprovecha  al máximo las oportunidades del lugar y el segundo porque la materialización se realiza al finalizar  un largo proceso y puede generar frustración. Por ese motivo pensamos que la  solución puede ser mixta,  donde alternamos dos  o tres talleres de diseño  para trabajar lo global y una jornada de autoconstrucción y así sucesivamente hasta finalizar el proyecto.

Otro de los inconvenientes principales es el calendario del curso escolar, nueve meses llenos de actividades donde es difícil introducir  otras nuevas relacionadas con el proceso, lo que lleva a dilatar los procesos. Una de nuestras apuestas es introducir el proceso de transformación como un proyecto transversal dentro del programa lectivo de la escuela, lo que supone dos factores a favor: por un lado  no se produce desconexión entre una fase y otra gracias a un conjunto de actividades continuas donde profundizar en los diferentes aspectos de transformación del espacio,  a través de los cuales se pueden trabajar múltiples materias que pasan desde la perspectiva y representación grafica a temas sociales. Por otro lado permite que a través de los profesores podamos llegar a trabajar con la totalidad de los alumnos independientemente si son 100 o 400, (cosa poco probable si nos planteamos el proyecto a base de talleres de 30 personas).

Para acabar, si tenemos en cuenta la toma de decisiones, entramos en un tema complejo por diversos motivos.. Por un lado, como hemos comentado antes, no todas las propuestas, ni las decisiones tomadas por consenso llegan a materializarse y eso puede generar sensación de insatisfacción y fracaso. Tal y como se plantearon  los proyectos, las ideas y las decisiones para la mejora de los espacios se realizan en los talleres de diseño donde participa toda la comunidad educativa de una u otra manera, o también en grupos motores compuestos por representantes de todos los agentes (En el caso de La Pau) . Pero más allá de estos espacios cabe recordar que estamos proyectando la transformación de un edificio de propiedad publica donde es el Consorcio de educación quien tiene la ultima palabra en cuanto a obras y el mantenimiento, y eso provoca que la toma de decisiones se acabe escapando del proceso participativo.

Cómo último apunte, queremos traer a colación un tema importante, cómo se financia un proyecto de este tipo. La excesiva dependencia de subvenciones públicas y la poca (y entendible) capacidad de inversión de las AFAS y escuelas, hace inviable trabajos de reforma integral de patios sin la ayuda de entidades y administraciones superiores. A esto se añade la inseguridad sobre cuándo y cuántos recursos se pueden disponer, lo que dificulta la planificación y dedicación exclusiva al proyecto. Esto provoca que los procesos comienzan de manera precaria e inestable (hasta que se sabe de cuánto se dispone para realizar el proyecto) y provoca reticencias y un sobre esfuerzo sin garantías tanto por parte de la comunidad escolar, como técnica y del alumnado.

Frente a esto, hemos recurrido a diversas herramientas, como la autoconstrucción. En este caso la presencia de las familias tiene un papel decisivo e importante, porque es a través de ellas que se pueden materializar los elementos de transformación de menor impacto en el edificio y dar a conocer el proceso. Planteamos las jornadas de autoconstrucción como una solución que nos permite materializar algunos de los elementos del proyecto, sin un elevado coste material y con mucho valor comunitario.

De hecho, es sorprendente lo que se puede llegar a construir entre todos.